Fernando González Sánchez publicará en breve el libro Educación y Poder. Claves para comprender la educación y el Estado, en el que revela los acuerdos de Elba Esther Gordillo con los entonces presidentes Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.
Además, critica las reformas educativas de los tres últimos sexenios y ofrece una argumentación del poder que tuvo Elba Esther Gordillo al frente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) al que, asegura, convirtió en un “actor político con agenda propia” que participó en el proceso de democratización del país durante los gobiernos del PAN y que fue truncado por Peña Nieto en el momento en que la encarceló en 2013.
El político sinaloense tiene una amplia participación en el sector educativo y en la política partidista. Fue director general de Educación Superior para Profesionales de la Educación y Subsecretario de Educación Básica en la Secretaría de Educación Pública (SEP). Además participó en la formación del Partido Nueva Alianza y ha sido operador político de la maestra Elba Esther Gordillo, a quien le une una relación familiar, pues está casado con Maricruz Montelongo, hija de la exdirigente del magisterio.
En su libro de cinco capítulos despliega una amplia y detallada explicación del contenido pedagógico de las reformas educativas y también una reflexión y crítica sobre las mismas bajo la premisa de que cada gobierno ha tomado la educación como “campo de reconfiguración política, administrativa y territorial”. Es decir, “en un problema de gobernabilidad nacional” sin alcanzar la meta de ofrecer un instrumento de transformación social para el siglo XXI.
“Gobernar la educación significaba administrar una de las estructuras laborales y territoriales más extensas del Estado mexicano”, afirma cuando entra a analizar el poder que alcanzó el SNTE con Elba Esther Gordillo durante el régimen del PRI en los noventa del siglo XX, pero sobre todo, a partir del año 2000 cuando Vicente Fox al frente del PAN derroca al candidato presidencial priista Francisco Labastida.
Apunta: “Desde finales de la década de 1980 sería difícil comprender la reconfiguración del sistema político mexicano sin considerar el papel desempeñado por liderazgos capaces de moverse entre las viejas estructuras corporativas del régimen y los nuevos espacios abiertos por la transición democrática. Entre ellos, uno de los más influyentes —y al mismo tiempo más controvertidos— fue el de Elba Esther Gordillo.
“Su trayectoria política coincidió con uno de los momentos más delicados del Estado mexicano: el agotamiento del modelo político que había sostenido durante décadas al régimen priista. La crisis económica de mediados de los noventa, las tensiones sociales acumuladas y el debilitamiento del presidencialismo tradicional obligaron al sistema a buscar nuevas formas de equilibrio político”.
En ese contexto, agrega el autor, “el sindicalismo —y particularmente el sindicalismo magisterial— adquirió un papel inesperado. Durante gran parte del siglo XX los sindicatos habían operado como instrumentos de intermediación dentro del corporativismo priista. Sin embargo, conforme el régimen comenzó a fracturarse, algunas de esas organizaciones adquirieron una autonomía política creciente.
“El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, por su dimensión territorial y su presencia en prácticamente todas las comunidades del país, era uno de los pocos organismos capaces de articular redes políticas, sociales y electorales a escala nacional. Bajo el liderazgo de Gordillo, esa estructura comenzó a transformarse gradualmente. No se trató simplemente de un cambio de estilo político. Lo que comenzó a gestarse fue una redefinición del lugar del sindicato en el sistema político mexicano”.
Fernando González describe en este libro al que le dedicó varios años la importancia del sindicato presidido por Elba Esther Gordillo durante la crisis política del gobierno de Ernesto Zedillo, la caída del PRI, el arribo del PAN a la Presidencia y destaca la confrontación con Peña Nieto, cuya reforma educativa es, dice, un gran retroceso dentro de la historia de reformas educativas del país.
“La presencia activa de Gordillo en estos espacios no era casual. Representaba a uno de los pocos liderazgos capaces de conectar la vieja estructura corporativa con los nuevos actores políticos que emergían en el país. Su capacidad de negociación y su comprensión del funcionamiento real del poder político le permitieron participar en procesos de mediación que, en muchos casos, se desarrollaban fuera de los canales institucionales formales.”
Precisa que, al mismo tiempo, al interior del SNTE la maestra Gordillo comenzó a impulsar una serie de cambios que alteraron la relación tradicional entre el sindicato y el partido en el poder, pues durante décadas el sindicato magisterial operó como parte integral del aparato político del PRI.
Y advierte: “Sin embargo, hacia finales de los noventa esa relación comenzó a tensarse. Las reformas internas impulsadas por Gordillo introdujeron mecanismos de mayor apertura en la vida sindical y permitieron el surgimiento de nuevas corrientes al interior de la organización. Ese proceso generó inevitablemente conflictos con la dirigencia tradicional del partido gobernante.
“La creciente autonomía política del sindicato y la disposición de su liderazgo a negociar con distintos actores del sistema político causaron un progresivo distanciamiento respecto del PRI. El rompimiento no ocurrió de manera abrupta. Fue el resultado de un proceso gradual en el que el sindicalismo magisterial comenzó a redefinir su papel dentro de un sistema político que ya no podía sostenerse exclusivamente sobre las bases del viejo corporativismo.
“En ese tránsito el liderazgo de Gordillo reveló una característica central del momento histórico: la transición democrática mexicana no se construyó únicamente a través de partidos políticos o reformas electorales, sino también mediante la reconfiguración de los grandes intermediarios sociales del Estado”.
Negociaciones políticas, la tarea
En esta parte del libro le dedica un espacio a las reformas educativas del año 2000 a 2013 en las cuales la maestra Gordillo al frente del SNTE fue clave. Aclara que dichas reformas, sobre todo la última, no deben verse únicamente en la parte educativa, evolutiva y pedagógica, sino en la forma en que el Estado mexicano se relaciona con sus organizaciones y ejerce el poder sobre el territorio.
“Las tensiones entre el viejo corporativismo, las nuevas fuerzas políticas que emergían con la alternancia electoral y la reorganización del poder dentro del sistema educativo mexicano formarían parte de una compleja secuencia de acuerdos, rupturas y reacomodos que marcarían el periodo comprendido entre el año 2000 y la reforma educativa de 2013. Comprender esa etapa exige reconocer que las reformas educativas de comienzos del siglo XXI no fueron únicamente el resultado de diagnósticos pedagógicos o debates académicos. Fueron también el producto de una intensa negociación política entre actores que buscaban redefinir su lugar en el nuevo equilibrio del poder mexicano. Y en esa negociación, el liderazgo sindical del magisterio desempeñó un papel decisivo”.
Al mismo tiempo que destaca las reformas educativas propuestas por Elba Esther Gordillo, el autor explica de manera paralela las decisiones políticas que la maestra tomó cuando empezó a distanciarse del PRI. Fue el caso de la formación en 2003 del Partido Nueva Alianza creado en sólo 35 días luego de que Elba Esther Gordillo fuera relevada de la coordinación del grupo mayoritario del PRI en la Cámara de Diputados.
Fernando González revela que la participación del SNTE en la elección de 2006 como estructura electoral en favor de Felipe Calderón fue decisiva en la victoria ante Andrés Manuel López Obrador porque el PAN cuenta con una estructura territorial limitada, frente a la que tiene el magisterio en todo el país.
“El activismo de Elba Esther fue determinante porque se convirtió en una estructura territorial complementaria a la del partido ganador. Esa red hizo la diferencia en una elección cerrada y permitió construir una coalición territorial que daba fuerza al nuevo presidente para gobernar. Su partido carecía de ese nivel de implantación en el territorio, y en muchos casos el alcance de sus gobernadores era limitado y a veces contrario al entonces candidato y después presidente. Además, la victoria había sido mínima frente a una izquierda movilizada y a un liderazgo combativo y profundamente desconfiado”.
Sostiene que Calderón respetó el liderazgo de Elba Esther Gordillo, integró a parte de su equipo en el gobierno y nació el proyecto Alianza por la Calidad Educativa que no se concretó por la muerte de Juan Camilo Mouriño, encargado de las negociaciones con la maestra chiapaneca.
Además resalta que Calderón y la maestra Gordillo coincidieron en el tema político. “Ambos percibían el riesgo que representaba el retorno del PRI bajo el liderazgo de Enrique Peña Nieto y analizaban distintas alternativas para modificar el equilibrio de la competencia presidencial. La política suele confundirse con las afinidades personales, cuando con frecuencia responde a cálculos estratégicos mucho más complejos”.
En este contexto es que revela una observación del entonces secretario de Educación, Alfonso Lujambio, a quien Calderón veía como candidato a la presidencia por el PAN, pero que al morir de cáncer dejó un vacío que aprovechó Josefina Vázquez Mota acercándose al grupo de Peña Nieto.
“Dolidos aún por la enfermedad de Lujambio, continuamos trabajando mientras él me confesaba en privado que veía cada vez más cercanos a Josefina y al grupo de Peña. Josefina y Luis Videgaray habían sido diputados en la misma legislatura y compartían vínculos con círculos empresariales y tecnocráticos. Tragedias, encuestas y plazos legales nos llevaron a proponer a Elba Esther una alianza con Enrique Peña, aprovechando que el presidente del PRI era un amigo cercano del grupo: Humberto Moreira”.
Aunque se logró un acuerdo en 2011 entre el PRI y Nueva Alianza negociado por él, por Luis Castro y la hija de la maestra Gordillo, Mónica Arriola, advierte que la coalición provocó alarmas y con ellas la oposición de uno de los patriarcas del priismo de la época de Zedillo: el excandidato presidencial Francisco Labastida.
“Entonces ocurrió un golpe decisivo. Desde un grupo de senadores recelosos del poder sindical, y con filtraciones provenientes de cercanos a Videgaray, se hizo público el expediente de la deuda de Coahuila. El escándalo desestabilizó al PRI. Humberto Moreira, quien había sido gobernador de ese Estado, fue destituido de la dirigencia y apartado del grupo dirigente”.
La caída de la maestra
En este extenso capítulo el autor se detiene en dos hechos que generaron la crisis del gobierno de Enrique Peña Nieto: la detención de Elba Esther Gordillo y el caso Ayotzinapa.
“La detención de Elba Esther Gordillo —sostiene— debe analizarse en dos planos distintos. El primero es el jurídico, relacionado con las acusaciones formuladas por la Procuraduría General de la República (PGR) y con el proceso penal que siguió su propio curso. El segundo es el político: el significado que aquella acción adquirió dentro del sistema y, particularmente, entre los trabajadores de la educación.”
En este último punto señala que el mismo día 26 de febrero de 2013 en que se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma constitucional en materia educativa, Elba Esther Gordillo fue detenida en el aeropuerto de Toluca por elementos de la PGR, con lo cual “la coincidencia temporal entre ambos acontecimientos otorgó a la operación una carga política imposible de ignorar, independientemente de que la investigación judicial tuviera antecedentes propios”.
Critica que el operativo tuvo una espectacularidad que excedía el cumplimiento rutinario de una orden judicial y lo que en el fondo significaba era un acto fundacional de una nueva relación entre la Presidencia y el magisterio. “No sólo se procesaba a una dirigente; se anunciaba el final de un equilibrio y se establecía que la reforma avanzaría sin la conducción política que el sindicato había ejercido durante décadas”.
Sobre el caso Ayotzinapa, con la desaparición de los estudiantes de la escuela rural “Francisco Burgos”, afirma que la ineficacia del gobierno de Peña para revelar el paradero mostró una crisis de legitimidad del régimen peñista y abonó a la derrota del PRI en 2018 con el arribo de López Obrador.
“Ayotzinapa no explica por sí sola ese cambio histórico. Pero sí constituye uno de los momentos en los que la sociedad mexicana comenzó a percibir con mayor claridad que algo fundamental se había fracturado en la relación entre el Estado y los ciudadanos”.
Otra revelación del autor del libro es el acuerdo al que llegó la maestra Gordillo con Andrés Manuel López Obrador como presidente: ser liberada después de la elección a cambio de dejar el control del SNTE. “Así ocurrió en 2018. Pero aquella liberación también marcó, paradójicamente, el final de su propio legado sindical.”
Y a manera de conclusión para cerrar el capítulo político, sentencia: “Gordillo acumuló poder, intervino en nombramientos, negoció presupuestos, influyó en la administración educativa y convirtió al sindicato en un actor central de la política nacional. Nada de ello debe minimizarse. Pero es necesario distinguir entre poder corporativo, capacidad de intermediación y control ideológico del proyecto educativo”. Esto último en referencia al proyecto de la Nueva Escuela Mexicana que impulsó López Obrador.
Fuente: Proceso




