La ola ultraconservadora que recorre América Latina se ha apuntado el domingo en Brasil una victoria crucial con visos de ser definitiva en tres semanas. El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, ha ganado la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 47% de los votos válidos, frente al 45% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, con el 100% del voto escrutado, según el Tribunal Superior Electoral.

El heredero político del clan ultraderechista ha liderado el recuento desde el principio hasta el final frente a uno de los políticos más influyentes de América Latina en este siglo y que ha gobernado Brasil durante 11 años.

Resultado en la primera vuelta

Participación: 78.29%. Escrutado: 100%. Porcentaje de voto:

  • Bolsonaro: 47.03%
  • Lula: 45.16%

Con este resultado, el bolsonarismo exhibe músculo y se coloca a un paso de regresar al poder en la primera potencia latinoamericana. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), a quien Lula, líder del Partido de los Trabajadores (PT) venció hace cuatro años, soñaba con sentenciar la disputa esta misma noche, pero se ha quedado a dos puntos de superar la mitad de los votos válidos, es decir, sin contar blancos y nulos. Ambos se medirán dentro de tres semanas, el 25 de octubre.

En su primera declaración tras el triunfo, Flávio Bolsonaro recalcó que “Brasil quiere cambio” tras agradecer el apoyo de 56 millones de votos, más que su padre en primera vuelta de 2022. “Queda decretado el fin de la era del PT”, añadió, en Brasilia. El vencedor de la noche no ha mencionado a su padre ni a Dios.

Inmediatamente, Lula compareció en un hotel de São Paulo. “El resultado muchas veces es inesperado”, arrancó para recordar sus tres derrotas, al inicio de su carrera. “Flávio Bolsonaro representa la incertidumbre”, advirtió para criticar con dureza “las biografías truculentas de los Bolsonaro”, los lazos con milicias parapoliciales y con el caso Master.

El líder del PT busca un cuarto mandato que corone su carrera política. Pero el descalabro de esta primera vuelta se perfila como devastador para la izquierda, porque Lula ya concurría como candidato único de los progresistas. Tiene, por tanto, escaso margen para sumar apoyos en la segunda vuelta, salvo que movilice a abstencionistas. Su rival tiene prácticamente garantizados los votos de los candidatos de derechas descalificados, que suman el 7%. El llamamiento de Bolsonaro al voto útil ha funcionado.

Esta victoria parcial frente al presidente Lula supone un gran triunfo personal para Flávio Bolsonaro, que fue visto como un candidato débil y que está bajo investigación por corrupción. Y es un triunfo para el clan, porque fortalece al bolsonarismo como referente imbatible de la derecha brasileña. Es una victoria para Jair Bolsonaro, que cumple en prisión domiciliaria una condena de 27 años por liderar una trama golpista para seguir en el poder tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula. Su primogénito ha prometido indultarlo si llega a la presidencia.

La derecha conservadora también ha exhibido fortaleza en otras batallas. El gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, ha arrasado. Ha sido reelecto en el Estado más rico y poblado con una ventaja de 26 puntos sobre su rival, Fernando Haddad, candidato a suceder a Lula. Y el Partido Liberal de los Bolsonaro ha ganado fuerza en el Congreso, lo que allana el camino a la destitución de jueces del Tribunal Supremo y la amnistía a los condenados por el asalto golpista de Brasilia. La esposa de Bolsonaro, Michelle, de 44 años, y dos de sus hijos, Carlos y Jair Renan, han sido electos parlamentarios. Solo la primera esposa se ha quedado sin escaño.

Los favoritos votaron a primera hora. Lula ejerció su derecho en São Bernardo do Campo, la ciudad donde se forjó como sindicalista en tiempos de la dictadura. A sus compatriotas les recordó que está en juego el modelo de país: “El pueblo va a tener que elegir entre fortalecer el régimen democrático o la barbarie, entre desarrollo o atraso. Veremos qué Brasil escogió el pueblo”.

Bolsonaro hijo ha depositado su voto en Río, cuna política familiar, vestido con una camisa amarilla y una pegatina con el 22 del Partido Liberal (PL). “Brasil necesita un cambio, Brasil no aguanta más”, dijo. “Espero que Brasil dé un voto de protesta contra la era del atraso”.

Eran estas unas megaelecciones en las que los brasileños también elegían a los 27 gobernadores, los 513 escaños de la Cámara de Diputados, 54 de los 81 escaños del Senado y todos los Parlamentos estatales. Con tantas votaciones simultáneas, el recuento es más lento que en segunda vuelta. Pero relativamente rápido porque se vota en urna electrónica. La Policía Federal investiga una denuncia de supuesta injerencia de Estados Unidos por financiar, según el diario The Guardian, organizaciones dedicadas a agitar la política brasileña. No ha habido incidentes relevantes más allá de que las tormentas han dejado varios colegios sin luz, sin afectar a las urnas, que tienen horas de autonomía.

Dos electoras que esta mañana circulaban por el barrio de Consolação en São Paulo ilustran los universos que representan los dos favoritos.