Por: Víctor Manuel Sánchez Valdés | Animal Político

El pasado viernes el ejército arrestó a Misael Guerrero Pérez, el Güero Pin, jefe regional de los Chapitos en el sur de Sinaloa, pero lo relevante es que con él se encontraba Hilario Martínez, exdirector de Seguridad de Escuinapa. Podría parecer un caso aislado de expolicías que cambian de bando, pero lamentablemente es bastante recurrente.

El ejército y las policías se han convertido en semillero de operadores para el crimen organizado. Ya que estas instituciones tienen personal formado en el uso de las armas y con conocimiento del terreno, que puede ser valioso para las organizaciones, los reclutan ofreciéndoles salarios más altos que los oficiales.

Lo peor es que la relación entre narcos y agentes del orden no comienza cuando estos son reclutados, sino desde que son parte del Ejército o las corporaciones de seguridad, ya que muchos reciben sobornos a cambio de información o de favores, como es armar operativos en contra de los cárteles rivales.

Se trata de una tendencia preocupante porque significa que el Estado mexicano entrena a quienes más adelante se van a convertir en capos, operadores o sicarios del crimen organizado, lo que nos obliga a desentrañar las razones que hay detrás del fenómeno para buscar disminuirlo en el futuro.

EJEMPLOS DE POLICÍAS Y MILITARES QUE FUERON RECLUTADOS POR EL NARCO

Miguel Ángel Félix Gallardo fue el capo más poderoso en los años 1980 y el único que logró cohesionar a todas las bandas regionales en un megacártel de alcance casi nacional: el Cártel de Guadalajara. Pero lo que pocos saben es que comenzó su carrera como oficial de la Policía Judicial y como escolta del gobernador de Sinaloa.

Desde esas posiciones Félix Gallardo tejió la red de alianzas criminales que le permitió construir el Cártel de Guadalajara y también reclutó a otras figuras clave de dicho cártel, como es el caso de Juan José Esparragoza, el Azul, y Rafael Aguilar Guajardo, quienes trabajaban en la Dirección Federal de Seguridad.

Rafael Aguilar Guajardo fue enviado por Félix Gallardo a Ciudad Juárez para hacerse cargo de la plaza y más tarde fundó el Cártel de Juárez, además de ser mentor de Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos.

Por su parte, Juan José Esparragoza fue jefe de seguridad de Félix Gallardo por varios años y después, una figura clave en la formación del Cártel de Sinaloa, en donde compartió el liderazgo con el ChapoGuzmán, el Mayo Zambada y Nacho Coronel.

También Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, el líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, formó parte en los años 1990 de la policía de dos municipios en Jalisco, Tomatlán y Cabo Corrientes; lo grave es que lo hizo después de haber sido arrestado en California por tráfico de drogas y ser deportado a México, lo que demuestra los nulos controles en el reclutamiento de los policías.

Pero quizá el caso más paradigmático es el de los Zetas, que surgió de una unidad de élite de las fuerzas armadas, el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), que desertó completa para incorporarse al Cártel del Golfo y convertirse en guardaespaldas de Osiel Cárdenas Guillén.

Para ello, Osiel se acercó primero a Arturo Guzmán Decena para que convenciera a sus compañeros de unirse al Cártel del Golfo. Por eso, 31 militares fueron reclutados, los cuales conformaron el núcleo inicial de los Zetas, que incluyó a Heriberto Lazcano Lazcano, el Lazca, quien fue por años el líder de la organización a la muerte de Arturo Guzmán.

Las policías comunitarias tampoco se salvan, en especial las de Guerrero y Michoacán; por ejemplo, de sus filas surgieron los fundadores de los Ardillos, Celso Ortega Rosas, el Ardillo, y el de los Tlacos, Onésimo Marquina Chapa, el Nencho.

Mientras que, en el caso de Michoacán, en 2013, cuando Alfredo Castillo, enviado por Peña Nieto, uniformó a las autodefensas como policías comunitarios, incluyó en este cuerpo a Juan José Farías, el Abuelo, fundador de Cárteles Unidos; a Nicolás Sierra Santana, el Gordo, líder de los Viagras, y a Miguel Ángel Gallegos, el Migueladas, que fundó el Cártel de Zicuirán.

Y uno de los ejemplos más recientes es el de Hernán Bermúdez Requena, que además de ser el secretario de Seguridad de Tabasco, por designación de Adán Augusto López, también creó a la Barredora, organización dedicada al robo de combustible y narcomenudeo, de la que fungió como líder hasta su arresto.

¿CÓMO SE PUEDE ABORDAR EL PROBLEMA?

Frente a este problema se tienen que tomar cartas en el asunto para evitar que en el futuro más policías y militares terminen en las filas del crimen, por lo que se proponen al menos las siguientes medidas:

  1. Mayores controles en el reclutamiento de los integrantes, para verificar antecedentes penales, problemas con adicciones, vínculos con personajes sospechosos y movimientos financieros irregulares.
  2. Mejorar los mecanismos de seguimiento de la situación financiera de los elementos de las fuerzas de seguridad.
  3. Fortalecimiento de las unidades de control interno, para investigar casos con sospechas de colusión.
  4. Mejorar las condiciones de vida y de crecimiento de los integrantes de estas corporaciones.
  5. Tener una base de datos detallada de la información de quienes formaron parte de cualquier corporación de seguridad pública, para facilitar la identificación de las personas sí estas deciden en el futuro trabajar para los cárteles.
  6. Fomentar la formación ética de los elementos que las componen.

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Víctor Manuel Sánchez Valdés es profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Contacto: victorsanval@gmail.com Redes: @victorsanval