Por: Emma Bubola | The New York Times
Mientras la noticia de que Estados Unidos había imputado a Raúl Castro, expresidente de Cuba, por cargos de asesinato, se extendía por todo el mundo, muchos cubanos seguían sin enterarse.
Los apagones generalizados en la isla, que carece de combustible, y las señales telefónicas inestables hicieron que la noticia de la nueva y pronunciada escalada de la campaña de presión de Estados Unidos contra el gobierno cubano tardara en llegar a muchos de los propios residentes de Cuba.
Atrapados en las garras de un régimen represivo y de las punitivas sanciones estadounidenses, los cubanos que recibían las noticias a través de sus inestables celulares y televisores se dividían en cuanto a la legitimidad de los cargos presentados por Estados Unidos, que acusaban a Castro de asesinato y conspiración en el derribo de dos aviones en 1996, en el que murieron cuatro personas, entre ellas tres estadounidenses.
Pero muchos compartían un cansancio común ante el statu quo.
Yoandy Benítez Ramírez, de 24 años, quien trabaja en una fábrica de tabaco en La Habana, dijo que la situación tenía que cambiar.
Los cubanos enfrentan apagones, hambre y una crisis de salud, que empeoró después de que el gobierno de Donald Trump prácticamente cortara el suministro de petróleo a Cuba en enero, y muchos anhelan un avance que pueda aliviar su sufrimiento.

El gobierno de Trump utilizó una acusación federal contra Nicolás Maduro, el líder autoritario de Venezuela, como pretexto para removerlo con una redada en enero. No se sabe si el ejército estadounidense está preparando una operación similar en Cuba. Pero muchos cubanos se preguntan si la imputación no es más que otro paso en una dolorosa y prolongada campaña de presión estadounidense, o el catalizador de una intervención estadounidense más potente.
Yasiel Lugones, repartidor de 27 años, sentado en su motocicleta en La Habana, dijo que no creía que una intervención militar fuera la solución, pero que lo que el país necesita es que la situación en la que está termine.
Dijo que esperaba un desmantelamiento completo de toda la clase dirigente de Cuba, de la cúpula y de la familia Castro.
Lugones dijo que el país vive en un ciclo interminable de más de 60 años, en el que los dirigentes actúan como si fuera una propiedad que se repartieran entre sí. Dijo que tienen que irse, que los cubanos ya no los quieren.
El gobierno cubano condenó el miércoles, de inmediato, la imputación del Departamento de Justicia. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, calificó la acusación de “una acción política, sin ningún basamento jurídico”, y dijo que se estaba utilizando para construir la justificación de una posible agresión militar contra la isla.
Algunos cubanos calificaron las acusaciones de ilegítimas, argumentando que Cuba había actuado en defensa propia después de que su espacio aéreo fuera violado repetidamente por el grupo de ayuda que organizó los vuelos, Hermanos al Rescate.
Frank Alejandro Font, de 24 años, ingeniero mecánico en La Habana, dijo que Cuba había tomado la decisión correcta al derribarlos.
También advirtió del riesgo de una incursión militar extranjera.
Dijo que, aunque muchos cubanos piden una intervención, hay que tener en cuenta que siempre hay daños colaterales.

En los días previos al anuncio se habían extendido rumores en Cuba de que algo iba a ocurrir el miércoles. ¿Realizaría Estados Unidos una intervención militar? ¿Se formaría una gran protesta en el país? Los jóvenes cubanos bromeaban sombríamente con los cubanos de más edad diciendo que debían estar preparados para sacar el viejo fusil soviético que tenían guardado.
El empeoramiento de las condiciones de vida en Cuba ha provocado un creciente número de protestas, pero los expertos afirman que es improbable que las manifestaciones se conviertan en un levantamiento popular que amenace al régimen.
En Cuba es difícil encontrar encuestas fiables. Una encuesta reciente realizada por un sitio web de noticias cubano, El Toque, que recopiló más de 40,000 respuestas, reveló que alrededor del 56 por ciento de los cubanos que residen en la isla y casi el 70 por ciento de los que se encuentran en el extranjero apoyarían una intervención militar de Estados Unidos.
Aunque los resultados de la encuesta —que recogió respuestas de participantes voluntarios— no pueden considerarse un sondeo representativo, sus conclusiones probablemente reflejen el agotamiento de muchos cubanos, dijo el profesor Michael Bustamante, catedrático de historia y titular de la cátedra de estudios cubanos y cubanoamericanos de la Universidad de Miami.
“No creo que signifique que a los cubanos les guste la idea de que venga una potencia extranjera a solucionar sus problemas”, dijo Bustamante. “Pero creo que la gente está a tal nivel de exasperación, de desesperación, que aceptará ayuda de dondequiera que pueda obtenerla”.
Raúl Cardoso, jubilado cubano de 70 años, dijo que, sea cual sea la decisión de Estados Unidos, deberían darse prisa en tomarla.
“Si van a entrar, que entren”, dijo Cardoso. “Y si no, que dejen de hablar tanto”.




