Ciudad de México.- Pese a que su discurso no tiene nada en común, Andrés Manuel López Obrador es visto por políticos, funcionarios y la prensa estadunidense como “el Donald Trump mexicano”. A 13 días de las votaciones en México, el despliegue mediático sobre el candidato presidencial refleja la preocupación de Washington por el futuro de la cooperación binacional y las alianzas estratégicas en materia comercial, económica, de seguridad y combate al crimen organizado.

The Washington Post afirmó en un editorial que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia tiene mucho parecido con el Presidente de Estados Unidos. Sostuvo que un eventual triunfo del tabasqueño significaría “más problemas en ambos lados de la frontera” ante el tipo de políticas y planteamientos que López Obrador ha hecho durante las campañas, los cuales son muy parecidos a los a las promesas que hizo Trump en su disputa contra Hillary Clinton por el control de la Casa Blanca.

“Si el señor López Obrador gana el voto del 1 de julio, las relaciones bilaterales, ya envenenadas por el señor Trump, probablemente se convertirán todavía más tóxicas”.

El Post señala que AMLO ha mantenido su popularidad al prometer que acabará con la corrupción y “la mafia del poder” empresarial, político e industrial que han provocado una crisis en las instituciones. También advierte que López Obrador ya ha mostrado su interés en renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para reducir las exportaciones agrícolas, ganaderas y energéticas a EU.

Además, otro de los temores entre la relación México-EU con Trump y López Obrador como presidentes también tiene que ver con la promesa del segundo de realizar una reestructura a las reformas estructurales, que Obama siguió de cerca a través de Clinton como secretaria de Estado; la que más afectaría a Washington sería la reversión o reajuste de la reforma energética para la prometida apertura a inversiones extranjeras que planteó Enrique Peña Nieto durante su sexenio.

Sin embargo, las opiniones negativa sobre López Obrador también se reflejaron en The New Yorker y The Wall Street Journal. Ambas publicaciones insisten en los riesgos que la Casa Blanca ha sabido sobre López Obrador, e incluso afirman que funcionarios del Gabinete de Peña Nieto pidieron que Trump no hiciera más declaraciones antimigrantes o sobre su proyecto del muro en la frontera para no beneficiar al aspirante morenista.

Polémicos y contradictorios, ambos personajes polarizaron las elecciones de su país y hoy reciben tanto muestras de simpatía como de rechazo. Tal parece que la visión de un aspirante autoritario, con tendencias radicales, políticas proteccionistas y un discurso vago que promete resarcir los daños ocasionados por las malas decisiones del pasado, son el espejo que refleja en el extremo de la derecha a Trump y su retórica antimigrante, pero en la izquierda a un López Obrador que asegura que México “no es piñata de nadie”.

NO SABEMOS QUÉ ESPERAR: JACOBSON

“Hay ciertos rasgos que comparte. El populismo, para empezar”, dijo Roberta Jacobson en relación al paralelismo que comparte AMLO con Donald Trump, figura que en los ojos de los estadunidenses y de The New Yorker se ha vuelto emblemática para los mexicanos en una lucha por la soberanía nacional.

La exembajadora de Estados Unidos en México expresó su punto de vista sobre el aspirante de la coalición Juntos Haremos Historia, quien además se ha mantenido durante todo el proceso electoral con una amplia ventaja en las encuestas de preferencias al voto.

Jacobson declaró al periodista Jon Lee Anderson que los ánimos en Washington no eran positivos por la posible llegada de AMLO al poder y el periodista advierte que funcionarios del Gabinete de Peña Nieto señalaron que cada declaración de Trump contra México fortalecía las intenciones sobre un cambio político en el país para defenderse de esa amenaza, en especial después de que los mexicanos consideraran que la respuesta del Gobierno federal ante los embates de Trump desde que era candidato no la fue correcta.

“Ellos eran muy catastróficos sobre AMLO, diciendo cosas como ‘si gana, lo peor sucederá’”, comentó.

A su llegada a Ciudad de México en 2016, Jacobson buscó reunirse con AMLO pero este la tuvo en espera por meses, explicó la diplomática, quien explicó que la invitación de López Obrador para la embajadora fue a su casa ubicada en el sur de la Ciudad de México.

“Tuve la impresión de que lo hizo porque no creía que yo lo fuera a visitar. Pero le dije: ‘No hay problema, mis hombres de seguridad pueden hacer que funcione’”.

Jacobson visitó la casa de López Obrador en Tlalpan y aseguró que fue un encuentro amistoso donde el morenista fue simpático, pero trató de evitar hablar de política y no contestó sus preguntas para conocer cuál era su punto de vista.

“Si parte del asunto era mostrarme cuán modestamente vivía, lo logró. Para esa visita el líder de Morena fue muy amable y atento”, relató Jacobson.

La exembajadora declaró en mayo que su salida se debía a las políticas antimigratorias de Trump, las cuales calificó como “draconianas”, aunque Jacobson también señaló que “la nueva administración de México puede ser menos flexible”.

“No creo que haya ninguna duda de que cualquier Presidente que sea elegido en México este julio tendrá que retroceder más de lo que lo hizo la actual

Administración”, explica la exdiplomática.

Ante la pregunta directa de Anderson sobre qué viene para México y EU con López Obrador y Trump como cabezas de nación, ella respondió:

“¿Qué podemos esperar de él como presidente?

Honestamente, mi sensación más fuerte es que no sabemos qué debemos esperar”.

PROBLEMAS MÁS ALLÁ DEL TLCAN

Por otro lado, una articulista del Wall Street Journal advirtió los problemas con el Gobierno de Estados Unidos podrían rebasar la renegociación del TLCAN. Según Mary Anastasia O’Grady, la disparidad ideológica de López Obrador con Trumpo se puede reflejar en decisiones drásticas que afectarían a las economías de ambos países.

“AMLO dice que es un moderado antisistema que va a destronar a una clase política corrupta. Otros dicen que es un corporativista mexicano anticuado. Pero no puede llegar a la residencia presidencial sin la izquierda dura de México. Si lo hace, estará bajo presión para resarcir los elementos más extremos de su campaña”, manifestó.

O’Grady también insiste en que no podrá tomar decisiones tan drásticas como presidente y que el equipo del morenista plantea más garantías de continuidad con la tendencia de México en la actualidad y sus propuestas para encontrar un equilibrio y evitar que su mandato “termine antes de empezar”.

“Él no puede prometer restricción fiscal mientras vierte recursos del Gobierno en la agricultura con el objetivo de revivir la vida agraria de 1960. Este potencial de inestabilidad económica palidece en comparación con los peligros que presentan las estrechas relaciones entre Morena y varias dictaduras militares. Estos no son acercamientos casuales, son declaraciones de solidaridad ideológica, y son peligrosos”, aseveró O’Grady.

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