Hermosillo, Sonora 5 de octubre (MR).-La mañana de ayer era distinta a cualquier otra para Rafael Portela, esta vez tenía una entrevista de trabajo en una empresa y se le había hecho un poco tarde, fue entonces cuando la premura le arrancó la vida.

Apenas pasaban de las 08:00 horas del martes 4 de octubre, fecha que nunca olvidará, cuando Jesús Amaya, quien más allá de ser su mejor amigo era su hermano, recibió un mensaje en el que le decía que iba a una entrevista de trabajo.

“Lo único que me quedó de él es ese mensaje, como esperando que le contestara que iría con él”, expresó Jesús al tiempo que su voz se quebrantaba y de sus ojos brotaban lágrimas de profundo dolor.

Con la mirada hacia abajo y un ligero temblor en sus manos, señaló estar destrozado, pues Rafael era su amigo de toda la vida, el hermano que eligió para ser su gran confidente, su compañero, su niño.

“Era una persona incomparable, nadie llegaba a ser como era él”, detalló, “divertido, siempre alegre, yo podía contarle todas las cosas que sufría y ahí estaba siempre, abierto para escuchar”.

Jesús acentuó que con su familia era muy responsable, trabajaba para poder ayudar a su madre con los gastos del hogar, también a sus tres hermanos, que hoy se encuentran afectados tras esta pérdida irreparable.

“Yo, por otra parte, todo el tiempo andaba con él, decíamos que siempre íbamos a estar juntos, siempre estuve dándole consejos y abriéndole los ojos cuando hacía algo, no sé cómo ahora (ayer) lo dejé ir solo”, se lamentó.

DOLOR

Fue alrededor de las 09:00 horas cuando Jesús recibió la terrible noticia, le preguntaron si reconocía el vehículo, entonces vino el impacto, el peor sentimiento que una persona puede sentir: Dolor.

“Nadie puede imaginar lo que sentí, su hermano no pudo entrar a reconocerlo y como yo era el único de confianza ahí, fui quien lo reconoció”, explicó, “en cuanto lo vi lo abracé, sólo quería que se levantara para llevármelo”.

Puntualizó que su trato era diario, podría decirse que vivían juntos porque cuando Rafael no estaba en casa de Jesús, éste estaba en casa de Rafael, eran inseparables y tenían un sinfín de planes por delante.

“Realmente no tengo palabras qué decir, lo único que me queda expresar es que fue una gran persona, siempre lo tendremos en nuestros corazones. Que mi niño esté bien, descansando, es todo lo que quiero”, enfatizó.

En medio del llanto y sin haber probado alimento en todo el día, Jesús Amaya esperó el féretro donde su hermano yacerá, y según indicó, en el cual ahora Rafael Portela podrá descansar en paz.

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