trumpNueva York, Estados Unidos(04 octubre 2016).- El sistema tributario en Estados Unidos es una coladera y Donald Trump presume de explotarlo como nadie, hasta el punto de que durante el primer debate presidencial alardeó de ser un genio por el hecho de no pagar impuestos.

La estrategia del candidato republicano, de hecho, es seguida por multitud de corporaciones que tratan de minimizar al máximo lo que pagan al Tío Sam.

Hay cientos de deducciones, créditos y exenciones fiscales recogidas en el complejo código fiscal estadounidense, difíciles de comprender para el ciudadano corriente. Eso permite, por ejemplo, que una de cada cinco grandes corporaciones que reportan beneficios no pagaran un solo dólar en impuestos, de acuerdo con un análisis de la Government Accountability Office realizado a petición del senador Bernie Sanders.

Los datos de S&P Global Market Intelligence identifican a 27 grupos que cotizan en Wall Street que el pasado ejercicio declararon no haber pagado impuestos sobre los beneficios. Entre estas se encuentran el fabricante de coches General Motors, la aerolínea United Continental, la de telecomunicaciones Level 3 y la tecnológica Xerox.

¿Cómo evitan pagar impuestos siendo rentables?

La vía principal son las deducciones por pérdidas que sufrieron en pasados ejercicios, los conocidos como créditos fiscales. Las multinacionales, además, sólo declaran el beneficio cuando repatrian el dinero cosechado en el exterior y pueden acceder a una serie de apoyos por operaciones internacionales.

El New York Times revelaba este fin de semana que Trump habría evitado el pago de impuestos durante casi dos décadas, por deducirse pérdidas valoradas en 960 millones dólares que declaró en 1995.

El código fiscal incluye entre sus provisiones un mecanismo para ayudar a las empresas a capear los ciclos negativos, deduciendo las pérdidas durante un periodo máximo de 20 años.

Depreciación de activos

Los promotores inmobiliarios como Trump, además, suelen recurrir a técnicas para minimizar impuestos, como las deducciones por la depreciación de activos, por los intereses derivados de los préstamos que utiliza para financiar los proyectos.

También lo consiguen aplazando el pago de plusvalías cuando transfieren las propiedades. Todas estas técnicas son legales.

Donald Trump es el primer candidato presidencial en las últimas cuatro décadas que se niega a publicar su declaración de impuestos. Y como su compañía no cotiza, la información fiscal es la única ventana para saber cómo rinde su negocio, las donaciones que realizó y los retornos que obtuvo gracias a la agresividad de su estrategia.

Estados Unidos tiene el impuesto de sociedades más alto entre las economías desarrolladas, fijado en el 35 por ciento a escala federal. A esto se le suma lo que recaudan los estados, lo que lo eleva el combinado al 40 por ciento.

La fiscalidad efectiva es, sin embargo, del 14 por ciento, mucho más baja que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El impuesto de sociedades generó 321 mil millones de dólares en ingresos del ejercicio 2014, equivalente al 1.9 por ciento del PIB.

Nuevas estructuras

Las empresas generan sólo el 10.6 por ciento de ingresos fiscales en Estados Unidos, de acuerdo con el Congressional Research Service.

Esto supone cuatro puntos menos que antes de la crisis y un tercio que en 1952, cuando alcanzó su máximo. El motivo principal de este descenso es que las corporaciones pagan cada vez menos por lo que ganan. Además, recurren a estructuras que permiten reducir más la carga.

Trump, por ejemplo, opera una sociedad de responsabilidad limitada. Eso, como explica el Tax Policy Center, le permite aplicar las pérdidas de cualquier unidad que gestiona directamente para reducir los beneficios que obtiene en las más rentables.

Como señalan los expertos en contabilidad, si es mayor la pérdida, menos se paga al final. La clave está en entender qué negocio generó las pérdidas y cuándo.

Con las tres páginas publicadas por el diario neoyorquino, admiten expertos, es imposible.

Para entender su estrategia habría que tener acceso a la declaración completa. E incluso en ese caso, sería difícil desentrañarla por la complejidad de la contabilidad corporativa y un código fiscal que suele ser calificado de bizantino.

“El problema es que estos elaborados mecanismos utilizados son perfectamente legales”, admiten desde Citizens for Tax Justice.

Tapar la coladera

La mayoría de los legisladores en Washington, demócratas y republicanos, coincide que el problema es que el régimen fiscal no se adoptó durante las últimas tres décadas al ritmo con el que se transformaron los negocios.

Y el problema es que no terminan de decidir cómo tapar la coladera y el uso que se dará al dinero que se recaude.

El empresario ya dejó claro que tiene la responsabilidad fiduciaria hacia sus negocios de no pagar más impuestos de los requeridos legalmente.

Trump no está solo en esta reflexión.

El Tax Policy Center calcula que el 44 por ciento de los estadounidenses logra evitar pagar impuestos sobre la renta gracias a las deducciones y créditos fiscales. Durante la Gran Recesión se llegó al 50 por ciento.

Lo que diferencia al magnate del resto de los contribuyentes es que la mayor parte son de renta media o baja.

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